• Afrontamos la formidable Sierra de los Donceles

    El Autor

    Rigoberto López HonrubiaProfesor de Psicología de la Salud en la Facultad de Enfermería

    Las rutas senderistas del psicólogo Rigoberto López y el dentista Manuel Martínez son una invitación a disfrutar de un ejercicio físico imprescindible para la salud.

    Agramón, un cafetito en La Luna y seguimos hasta el Camino de Aníbal, cara Este de la sierra de Los Donceles, anunciado por unos carteles informativos. Aparcamos en un olivar e iniciamos la andadura.

    Sierra de los Donceles
    Fotografías: Manuel Martínez Vergara.

    Imaginamos cuando dos siglos antes de nuestra era, un impresionante ejército capitaneado por Aníbal Barca (“rayo”) que había desembarcado en Cartagena, se disponía a cruzar la península (Is-banya, “tierra de conejos”) para llegar a las puertas de Roma; entre sus huestes varias decenas de elefantes, de los que según dicen solo se libró uno de la quema.

    Mi colega se viene arriba y me cuenta el legado de los cartagineses, en tanto hacemos un flash back al trapicheo de soldados, animales y aperos, con su variedad de sonidos y la paleta de colores que un pintor que se preciara usaría para pintarlo.

    Sierra de los Donceles

    Cerca de cien mil soldados pertrechados, caballos, elefantes y rebaños de otros animales para alimentar a la tropa, también debería aportar un olor peculiar, contando con que provenían de tierra de variadas especias.

    No obstante, esta mañana andamos los dos solos y visto lo visto, después de un rato, lo dejamos para seguir a la izquierda en busca de la cuerda que nos acerque al pico Doncel, 808 metros. Previendo su dificultad, al abandonar el camino principal nos energetizamos con carne de membrillo, dátiles y té con jengibre.

    Queremos subir al pico Doncel, de 808 metros

    Si al principio eran oliveras poco a poco llegan los pinos y el monte bajo plagado de esparto, jara, romero, tomillo, espino negro, así como incipientes gamones, cabezas de frailes (globularia) así como otras plantas con florecillas amarillas (familia de los heliantemos, las que se abren con el sol) cuyas raíces se asocian a las patatas de tierra, e innumerables pimpollos de pino carrasco, recordemos que estos terrenos se quemaron en un gran incendió hace varios años y aún quedan troncos calcinados, pero lo más interesante es ver resurgir nuevas plantas.

    Llegando a la masa rocosa se termina el camino y junto a un arroyo donde han construido sucesivas presas para evitar la erosión en el valle, seguimos subiendo campo a través. Un águila levanta majestuosa y planea sobre nosotros hasta desaparecer…luego veremos su piedra favorita, numerosas muestras de deposiciones lo atestiguan, desde donde otear el horizonte y, probablemente, lanzarse por sus presas.

    La cuerda se complica

    Avanzar por la cuerda se complica y tenemos que descender unos metros buscando algún pasaje al pie de la rocalla, consiguiéndolo aún con algunos sobresaltos por la estrechez y verticalidad del tramo. Fuera de peligro, avanzamos por la montaña mágica, y ahora son las piernas, la respiración y el corazón los que se muestran junto con el resoplido del viento. Otros sentidos se crecen, el olor a tomillo movido por las botas, el calor del sol que nos saca la sonrisa y las vistas que vamos ampliando conforme ascendemos… hasta que finalmente conseguimos abrazarnos al punto geodésico, textualmente, porque el aire pega y casi nos despega de la planta.

    Pero buscamos nuestras mañas y nuestro sitio y a la vez que vamos dándole la vuelta en redondo a la geografía, hoy desde una perspectiva poco habitual, tenemos Agramón protegido por la sierra de Cabeza Llana y en ese círculo más a la derecha Hellín y Mingogil relativamente cerca, y El Padrasto y La Albarda al fondo a la izquierda con sus cogotes pelados como si estuvieran nevados.

    Debajo los ricos valles por donde discurren las hoces del Segura y del Mundo y una vista del pico Pajares, 657 metros, una mole llamativa.

    Sierra de los Donceles

    No nos parece que este sea un destino visitado, pero nos ha confrontado, sorprendido y encantado, como casi siempre nos pasa con los lugares a los que llegamos. Compartimos una manzana y unos frutos secos y continuamos explorando el lugar por donde descender.

    Despedimos una etapa de casi 14 kilómetros con 475 metros de desnivel

    Vamos dejando a nuestra izquierda la Rambla de la Hoya del Conejo y descendiendo en dirección a la Casa de Terches, a aquel lado del río Mundo, debajo de la Morra del mismo nombre, pero antes nos cruzaremos nuevamente con el Camino de Aníbal por el que regresamos a nuestro punto de partida.

    Y de nuevo en La Luna, donde la camarera, Rafi, nos sirve una cerveza muy fresquita y un buen plato de hoya de aldea que nos reconforta y sabe a gloria. La etapa de casi 14 kilómetros con 475 metros de desnivel (358- 808).

    Sierra de los Donceles

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